Las tiernas y dulces bellotas de roble y encina fueron un suculento manjar para ratones de campo, ardillas y tal vez conejos. Dejaron pocas sin comerse.
Así que estaba claro. Había que pasar a la segunda opción. Cultivar las bellotas: a ver que tal...
Tierra, unos vasos de plástico agujereados , regarlos y esperar. Esa era la idea y parece que empezaba a funcionar. Las primeras bellotas comenzaros a germinan en poco tiempo.
Hojas tiernas brotaban como arte de magia.
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