viernes, 12 de noviembre de 2010

Cuando llegué a casa me puse a mirar esas bellotas. Pensar que en esas pequeñas cápsulas se encontraba toda la información necesaria para que con condiciones  favorables pudiese crecer un árbol como los que había visto esa mañana parecía magia, pero así es la naturaleza: "increíble".
Me puse a buscar en internet: Introducir las bellotas en agua, desechar las que floten, las que queden sumergidas son viables...
Estaba empezando a sentir curiosidad por todo aquel misterio: Dejarlas en remojo 24 horas antes de plantar.
Habían dos opciones llevarlas al campo y enterrarlas directamente o bien plantarlas en macetas y luego trasplantar.

En principio opté por la primera.

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